EMPRESAS.- El relleno sanitario Santa Marta, que recibe el 30% de los residuos que se generan en la Región Metropolitana, está ubicado en la comuna de Talagante, en las inmediaciones del cerro Lonquén; sin embargo, los camiones que van y vienen a las instalaciones transitan principalmente por las calles de San Bernardo, desde la ruta 5. En ambas comunas, Consorcio Santa Marta -empresa que opera el relleno- ha desarrollado un activo relacionamiento con las comunidades, tanto para la entrega de información en general, como para contribuir al desarrollo sostenible del sector donde realiza sus operaciones.
Si bien la relación con los vecinos fue un poco tensa al comienzo, en los casi 25 años que han transcurrido desde entonces esa situación ha ido cambiando, hasta derivar en un modelo de colaboración que se sustenta en dos entidades independientes: Fundación Lonquén Solidario y Corporación Los Valles.
“Cuando partimos, obviamente la gente estaba en contra; nadie quiere tener un relleno sanitario cerca. Pero hubo un grupo de personas que, si bien se oponían, estuvieron dispuestas a conversar, nos dijeron que querían saber más de la empresa, informarse, e iniciamos un diálogo”, relata Francisca Donoso, jefa de Asuntos Corporativos de Consorcio Santa Marta.
Desde la localidad de Lonquén, en Talagante, coincide con este relato Patricia Candia, directora de Fundación Lonquén Solidario: “Antes la gente estaba en contra (…) Pero supimos poner esto en la balanza y ver que si nos uníamos, ambos nos íbamos a beneficiar, siempre que la empresa cumpliera con las normativas y siguieran siendo fiscalizados (…) Ya llevamos más de 20 años trabajando juntos y puedo decir que esta relación ha permitido mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes”.
En el caso de San Bernardo, la situación es algo diferente, pues al inicio de las operaciones del relleno sanitario la afectación a esa zona era menor. Hace un cuarto de siglo, los caminos por lo que transitaban los camiones que iban al relleno Santa Marta eran casi puro campo, mientras que ahora hay muchas más viviendas.
Si bien siempre hubo un relacionamiento con las poblaciones cercanas de San Bernardo – Lo Herrera, El Romeral, El Rodeo-, este se estrechó el último lustro, especialmente después de la pandemia de Covid-19. Danae Rojas, directora de Corporación Los Valles, de San Bernardo, sostiene que “antiguamente la comunidad no sabía bien qué era el relleno sanitario”, pero gracias a la política de puertas abiertas de Consorcio Santa Marta -con más de 800 visitas cada año- eso se ha logrado revertir. El mayor problema, agrega, “es el tráfico de los camiones, pero eso le pasa a cualquier comunidad que tenga cerca una empresa que necesite camiones”.
“Santa Marta realiza visitas guiadas para los colegios, las juntas de vecinos y otras organizaciones, y también nosotros promovemos esas visitas, para que las personas puedan conocer el relleno sanitario, para que conozcan a la empresa que tenemos como vecina. (…) Suben y ven que es una obra con alta tecnología, que tiene una planta de tratamiento de energía, que la basura no está expuesta, y las personas quedan impactadas. Han cambiado los conceptos de nuestra población y eso ha provocado que la empresa sea vista de otra forma”, cuenta la directora de Corporación Los Valles, que trabaja con el Consorcio Santa Marta hace unos seis años.

PRIMERA INFANCIA
La educación, especialmente de la primera infancia, es una de las áreas que ha apoyado Santa Marta tanto en Talagante como en San Bernando. “Como Fundación Lonquén Solidario tenemos dos jardines infantiles a los que Santa Marta ha apoyado desde el principio, desde que empezamos atendiendo a los niños en unas casas, por ahí por el año 2000”, cuenta Patricia Candia. A los pocos años, el Consorcio compró unos terrenos para construir nueva infraestructura que pudiera acoger esos jardines, uno que pertenece a Isla de Maipo y otro a Talagante.
La Fundación, como es una organización independiente sin fines de lucro, puede postular a fondos concursables, a subsidios, recibir donaciones, entre otras facultades. Es así como para la Sala Cuna y Jardín Infantil Harawy, de Isla de Maipo, recibió de parte de Santa Marta tres parcelas de 5.000 metros, donde construyeron las salas, canchas deportivas y tienen espacio para nuevas infraestructuras. Cuenta Patricia Candia que, como tenían en terreno, pudieron postular a un proyecto del gobierno para el funcionamiento del Jardín, que en 2019 recibió el reconocimiento del Ministerio de Educación. Harawy, que además tiene certificación medioambiental, es gratuito, tiene servicio de furgón escolar incluido, y atiende a unos 140 niños y niñas.
“Tenemos excelencia académica y hemos podido funcionar gracias a que es 50% financiado con la subvención del Estado y 50% por la empresa privada”, relata la directora de la Fundación.
En Talagante tienen el jardín Las Araucarias, donde acuden más de 40 niños y niñas, y para este año está programada la reconstrucción del edificio (que data de 2004), para poder obtener reconocimiento oficial.
Francisca Donoso, de Consorcio Santa Marta, explica que este modelo de los jardines infantiles ha funcionado muy bien, y lo están replicando en Lo Herrera, San Bernardo. “Santa Marta construye el lugar con las condiciones que pone la JUNJI, que después administra y financia el funcionamiento. Así como en Talagante el sostenedor es la Fundación Lonquén Solidario, en San Bernardo es la Corporación Los Valles”, dice Donoso y explica que, como estas organizaciones reciben apoyo financiero de la empresa, “toda la plata que llega de la JUNJI se va directamente al jardín; son jardines que todos los años se pintan, se hacen mantenciones, se compra material didáctico, son increíbles”.
Desde San Bernardo, Danae Rojas cuenta entusiasmada que actualmente están en la etapa de “todo el papeleo” del nuevo Jardín Infantil, que espera pueda estar funcionando el segundo semestre de 2027. Esta idea surgió, añade, por el aumento de población en la zona; de hecho, pronto llegarán a vivir al sector unas 2.500 personas del Comité Los Naranjos, cuyas casas ya están construidas. “Vamos a tener una comunidad aún más grande, y hay solo dos jardines de la JUNJI, que no van a dar abasto”.
En vista de esta situación, la Corporación Los Valles mantiene conversaciones para recibir en comodato un sitio en la Villa Ñuke-Mapu, donde se instalaría el jardín, y ya tienen el compromiso de Santa Marta para la construcción y el apoyo de la JUNJI para el funcionamiento.
EDUCACIÓN AMBIENTAL
En San Bernardo, además, llevan años trabajando con la escuela Eliodoro Yáñez Ponce de León, ubicada en Lo Herrera. De hecho, antes de que se creara la Corporación Los Valles, Danae Rojas, quien fue seleccionada de triatlón, estaba organizando un taller de esta disciplina para los alumnos de dicha escuela, con el apoyo de Consorcio Santa Marta; pero llegó el Covid-19 y con él el confinamiento, así que la ex deportista redirigió sus esfuerzos y el financiamiento de la empresa para entregar ayuda -como cajas de mercadería y almuerzos- durante la pandemia. Ahí estuvo el germen de la Corporación.
“Una de las grandes alianzas que tenemos es con la Escuela Eliodoro Yáñez (…) El año pasado, junto a Santa Marta sumamos a la consultora Kyklos; ellos vinieron a hablar con el director y la educación ambiental se agregó a la malla curricular. Todos los niños de la escuela, de primero a octavo básico, participaron; les enseñaron sobre sostenibilidad, trabajaron en el huerto, fue un boom”, relata la directora de Corporación Los Valles.
A su vez, Francisca Donoso cuenta que este año continúan trabajando con Kyklos en educación ambiental de la comunidad, no solo de en las escuelas. “El año pasado trabajamos con la Escuela Eleodoro Yáñez, fue un programa de todo el año que funcionó súper bien (…) Este año lo estamos replicando en Lonquén, pero enfocado en los jardines infantiles y en los clubes de adulto mayor”, señala la jefa de Asuntos Corporativos de Consorcio Santa Marta.

SALUD Y ADULTOS MAYORES
Además de los jardines infantiles y otros proyectos en el ámbito de la educación y del medio ambiente, tanto la Fundación Lonquén Solidario como la Corporación Los Valles desarrollan una serie de otros proyectos, siempre gratuitos y abiertos a la comunidad. En algunos casos las iniciativas son financiadas completamente por Santa Marta, y en otros van sumando aportes de la municipalidad, del Estado o de otras instituciones.
Las directoras de ambas organizaciones sin fines de lucro son vecinas de los sectores donde trabajan, por lo que conocen bien la realidad de sus comunidades; pero, además, mantienen diálogos permanentes con los habitantes para evaluar las necesidades y priorizarlas, para luego gestionar los recursos necesarios para concretar los proyectos.
Patricia Candia, de Lonquén, cuenta que después de la pandemia detectaron que muchos niños y niñas requerían de atención especial, por lo crearon un Centro de estimulación inclusiva, donde trabajan dos terapeutas ocupacionales, una fonoaudióloga, un psicólogo, un asistente social y un profesor de educación física. Ellos atienen a niños de varias escuelas, con edades entre 1 y 8 años, incluyendo aquellos que tienen TEA (trastorno del espectro autista). Este centro funciona en un recinto entregado en comodato y es financiado por Santa Marta.
“El Centro lleva funcionando más de dos años y ha ayudado a mejorar la calidad de vida de papás y de niños; ha tenido un impacto muy notorio e importante en nuestra comunidad”, sostiene Patricia Candia, quien es técnica en Educación Parvularia.
Otro de los focos de la Fundación, cuenta, son los adultos mayores. Con ellos realizan talleres, terapias, bailes e, incluso, olimpiadas. Para estos efectos están, precisamente, habilitando un espacio con mejores condiciones.
Como si fuera poco, Lonquén Solidario cuenta con un centro kinesiológico para atender a los adultos mayores y también a personas más jóvenes; la atención es gratuita, financiada por Santa Marta, en un edificio (donde antes funcionaba un colegio) entregado en comodato por la municipalidad.
En San Bernardo, la Corporación Los Valles también tiene, desde hace dos años, un centro kinesiológico, donde atiende una doctora, un kinesiólogo, un terapeuta ocupacional y una masoterapeuta. “El proyecto es financiado en un 50% por el Gobierno Regional y 50% por Santa Marta”, explica Danae Rojas.
“En el sector tenemos un CECOSF, nos encantaría que fuera un CESFAM, que fuera mucho más grande, pero lamentablemente es pequeñito y atiende a una población muy grande, no solamente a Lo Herrera y El Romeral, sino también a la Estancilla, a Nos, y las horas son muy escasas. Entonces, hicimos un levantamiento y vimos cuáles eran las necesidades más importantes que había en la comunidad, y una de esas necesidades, que además tenía un gran costo, era el kinesiólogo. En un principio era solo para los adultos mayores, y después se abrió para toda la comunidad. El año pasado tuvimos 1.050 atenciones”, explica la directora de Corporación Los Valles en relación a los motivos para instalar un centro de salud de estas características.

CREAR CAPACIDADES
Desde Consorcio Santa Marta entregan algunas cifras del impacto social que se logró en 2025 a través de este modelo: Fundación Lonquén Solidario benefició directamente a más de 21.264 familias, y Corporación Los Valles, a más de 12.500.
Sin embargo, más allá de las alentadoras cifras, Francisca Donoso destaca el efecto permanente de este relacionamiento comunitario a través de dos organizaciones sin fines de lucro. “Vimos que como empresa podíamos apalancar a estas fundaciones, o corporaciones, trabajando en conjunto en un presupuesto anual, con actividades, etc., y a la vez enseñarles a levantar capital, a que postulen a proyectos del Fondo de Gobierno Regional o de otros fondos, para que el día mañana, si la empresa Santa Marta como relleno sanitario termina su vida útil, estas fundaciones o corporaciones puedan continuar ayudando a la gente, que tengan continuidad”.
“Lo que buscamos es entregarles herramientas, en Lonquén y en Lo Herrera, tanto a las encargadas de las fundaciones -que son todas mujeres, 3 en cada equipo-, como a las personas con las que ellas trabajan, las juntas de vecinos, los clubes de adultos mayores, los niños y los jóvenes”. Para Donoso, “ellas son un poco mi equipo en terreno, pero en el fondo son totalmente autónomas, y tengo 100% certeza de que ambos equipos, si el día de mañana Santa Marta termina su vida útil, ellas van a seguir haciendo la pega y van a seguir levantando capital, porque son mujeres que han aprendido mucho”.
La jefa de Asuntos Corporativos recuerda que “cuando empezamos, hace más de 24 años, no existían las instancias de participación ciudadana sobre cómo un proyecto se debe instalar en la comunidad. La institucionalidad ambiental era muy distinta, no existía aún el Ministerio, entonces la relación era muy diferente (…) Empezamos a conversar con algunos vecinos, a generar mesas de trabajo, e informar, informar mucho, comunicar lo que estaba pasando. Y después empezamos a trabajar con ellos”.
En este sentido, Danae Rojas, de Los Valles, destaca que Santa Marta “es una empresa pionera, viene hace más de 20 años trabajando con las comunidades (…) Lo destaco porque es muy difícil que una empresa tenga tanto compromiso con la comunidad”.
Por su parte, Patricia Candia, de Lonquén Solidario, valora mucho la comunicación con Santa Marta: “Le pedimos a la empresa que nos mantenga informados de lo que pasa en el relleno, y así lo hacen; por ejemplo, en caso de incendios dentro del terreno o aledaños, nos dicen qué están haciendo y podemos comunicarlo, porque las personas empiezan a preguntar”.
Francisca Donoso recuerda especialmente cuando hubo un incendio importante en el relleno sanitario, en 2016, y algunos grupos convocaron a manifestaciones en contra de Santa Marta, pero llegaron muy pocas personas: “Entonces, uno dice ‘efectivamente el trabajo se ha hecho, se nota’. Teníamos una relación con la comunidad, que respondió súper bien. Yo hablé con muchos, fui a reuniones, fui a asambleas, fui a miles de cosas, había gente enojada, de todo, atendible y entendible, pero en el fondo, no tuvimos ninguna manifestación mayor, la operación se paró porque había un incendio, no por presión de la comunidad. Y después, cuando empezamos a funcionar de nuevo, hubo muchas conversaciones, mesas de trabajo, de diálogo. La información y la comunicación directa nos ha resultado siempre súper bien”, concluye la jefa de Asuntos Corporativos de Consorcio Santa Marta.
Fuente: Paiscircular.cl




