Obispo de San Bernardo: “Levantemos juntos la ciudad”

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OPINIÓN.- La imagen de Nehemías que propone León XIVen la Encíclica Dignitas humanitas resulta iluminadora para mirar el Chile de hoy. También nosotros contemplamos, de algún modo, una ciudad o nación herida. No porque todo esté destruido, sino porque hay fracturas que se han ido haciendo profundas: divisiones políticas y sociales, desconfianza en las instituciones, temor frente a la delincuencia, narcotráfico y crimen organizado, violencia en la vida cotidiana, incertidumbre ante el futuro y dificultades para reconocernos como miembros de una misma comunidad nacional.

Aparecen dos tentaciones. La primera es resignarse: pensar que Chile ya no tiene remedio, que las cosas seguirán empeorando y que sólo queda protegerse individualmente. La segunda es convertirse, como dice el Papa, en «simples comentaristas de las ruinas»: diagnosticar lo malo, buscar culpables, alimentar divisiones, pero sin comprometerse personalmente en la reconstrucción.

Nehemías siguió otro camino. Primero escucha el dolor de su pueblo y lo lleva a la oración. Después actúa. No confunde comprobar con pasividad, ni acción con agitación. Une “escucha y valentía, oración y responsabilidad”. Esa síntesis tiene mucho que decirnos. Chile necesita mejores leyes, instituciones, autoridades responsables y seguridad pública, etc; pero necesita algo más profundo: personas buenas, responsables y valientes que estén dispuestas a reconstruir la convivencia desde el lugar que ocupan.

Cada uno tiene un pedazo de muralla que reconstruir. El gobernante mediante el servicio al bien común; el legislador buscando acuerdos justos; el juez haciendo respetar la justicia; el policía protegiendo a la población; el profesor educando; el empresario creando trabajo digno; el comunicador buscando la verdad; la familia formando personas capaces de amar y servir; y todos, especialmente los cristianos aportando, además, la fuerza de la fe, de la esperanza, del perdón y del amor.

Nehemías no reconstruyó solo. Convocó al pueblo. Quizá sea ésta una de las enseñanzas que más necesita Chile: volver a descubrir que la Patria es una tarea común. Podemos pensar distinto sin convertirnos en enemigos. Podemos discrepar y seguir reconociéndonos como compatriotas. Ningún proyecto político, ningún sector social y ningún interés particular puede ser más importante que la paz, la justicia y el bien común de Chile.Para un cristiano existe todavía una razón más profunda para no sucumbir al miedo: la esperanza cristiana. No podemos acostumbrarnos a la violencia, a la mentira, a la corrupción, al desprecio del adversario ni al miedo.

El llamado de León XIV es una tarea para nuestro tiempo: mirar las heridas de Chile, llevarlas ante Dios, dialogarlas con otros y preguntarnos qué parte de la muralla nos corresponde reconstruir. Piedra sobre piedra, persona junto a persona, recuperando la confianza, fortaleciendo la familia, educando a los jóvenes, protegiendo al débil, respetando la autoridad legítima, buscando la justicia y aprendiendo nuevamente a tratarnos como hermanos. Chile necesita constructores y artesanos de la paz y servidores del bien común.

Por: Juan Ignacio González Errázuriz / Obispo de San Bernardo

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