Opinión: Pornografìa, jóvenes y mundo digital

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OPINIÓN.- Padres y profesores comparte una tarea esencial: ayudar a niños y jóvenes a descubrir la dignidad de su cuerpo, a comprender sus emociones y aprender a construir relaciones de respeto y afecto. Pero todos estamos un poco inquietos, porque no siempre logramos esta interacción con los hijos en estos ámbitos muy delicados. Muchas veces solo hay silencio o dejar que las cosas pasen.

En un entorno digital donde la pornografía es fácilmente accesible, nuestra presencia y orientación pueden ofrecerles herramientas para crecer con libertad y responsabilidad. Tenemos pocos datos disponibles en Chile sobre el uso de la pornografìa en los jovenes y no son recientes. Un estudio de Common Sense Media reportó en 2022 que el 73% de los adolescentes encuestados entre 13 y 17 años en Estados Unidos había estado expuesto a pornografía online, accidental o intencionalmente; más de la mitad declaró haberla visto por primera vez antes de los 13 años, y un 15% a los 10 años o menos.

En todo caso, los datos disponibles muestran la importancia de conversar sobre este tema. Algo que, en general, no ocurre en las familias y queda entregado a los establecimientos de educación casi exclusivamente o a la Internet y la IA. La encuesta Cadem de septiembre de 2024 encontró que el 78 % de los adultos consultados había visto pornografía alguna vez. Entre menores, el estudio Kids Online Chile de 2016, informó que el 29 % de los usuarios de internet de 9 a 17 años había visto imágenes sexuales o desnudos durante el último año.

Toda prevención comienza con una relación de confianza. Conversar con naturalidad y con palabras adecuadas a cada edad permite enseñar intimidad, consentimiento y cuidado del cuerpo.

Esta segunda cifra incluye contenidos más amplios que la pornografía, pero recuerda que la educación debe comenzar antes de que aparezcan las dificultades. Surge una primera afirmación. ¿qué hacer para que los padres intervengan en un tema delicado de la vida de sus hijos?

En Chile existe un acceso temprano y un uso frecuente de celulares entre niños y jóvenes. En un estudio del 2022, realizado con 3.011 estudiantes de 9 a 17 años, el 87 % tenía celular propio con internet y el 58 % había obtenido su primer celular antes de los 10 años. Por su parte, la Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024, encontró que entre adolescentes de 14 a 18 años, el 54 % utilizaba redes sociales tres horas o más al día de lunes a viernes, mientras que el 42,7 % usaba celular o tablet todos los días después de acostarse. Como referencia internacional, una encuesta española de 2025, aplicada a 35.256 estudiantes de 14 a 18 años, mostró que el 57,8 % había consumido pornografía alguna vez, el 50,5 % durante el último año y el 37 % durante el último mes.

Toda prevención comienza con una relación de confianza. Conversar con naturalidad y con palabras adecuadas a cada edad permite enseñar intimidad, consentimiento y cuidado del cuerpo. Cuando un hijo o alumno cuenta que ha visto contenido sexual, escucharlo con calma y agradecer su confianza abre una oportunidad para orientarlo. Podemos ayudarle a comprender que las imágenes de internet no son una guía para el encuentro afectivo y que toda relación requiere libertad, comunicación y respeto por los límites del otro.

La pornografía puede influir en las expectativas sobre los propios cuerpos y las relaciones sexuales. Algunos estudios asocian el uso de la pornografia con un inicio más temprano conductas sexuales; los resultados son diversos y no permiten afirmar que estos efectos ocurran en todos los jóvenes. Cuando el consumo resulta difícil de controlar, puede desplazar el sueño, los estudios y los vínculos personales. Comprender estos riesgos nos permite intervenir oportunamente y favorecer hábitos que sostengan su bienestar presente y sus relaciones futuras.

También ayudan los acuerdos familiares sobre el uso de pantallas: horarios definidos, dispositivos fuera del dormitorio durante la noche y controles de los padres bien explicados. Estos cuidados adquieren mayor sentido cuando los adultos damos ejemplo y ofrecemos espacios de conversación, amistad, deporte y participación comunitaria. La colaboración entre familia y escuela permite sostener un mensaje coherente y facilitar que los jóvenes sepan a quién acudir.

Desde la perspectiva cristiana, esta formación se apoya en una visión positiva de la sexualidad como parte de la vocación al amor. La Iglesia propone una educación gradual que desarrolle el sentido crítico y la capacidad de amar. Un sitio católico que se llama Crea en mí un corazón puro destaca la confianza familiar, la misericordia y el acompañamiento. Crea en mí un corazón puro.

Si aparece angustia, pérdida persistente de control o interferencia con la vida cotidiana, buscar ayuda profesional es una forma concreta de cuidar. El acompañamiento espiritual puede complementar ese proceso y la cercanía a la Iglesia, participando en familia también es muy importante. Cada joven necesita saber que puede pedir ayuda, aprender de sus experiencias y avanzar hacia una vida afectiva responsable y abierta al amor.

Por: Obispo de San Bernardo, monseñor Juan Ignacio González Errázuriz.

 

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