EMPRESAS.- Cuando se habla de transición energética en Chile, la conversación suele girar en torno a la energía solar, la eólica o el hidrógeno verde. Raramente se nos viene a la mente un relleno sanitario. No obstante, Santa Marta hace más de diez años opera una planta de energía eléctrica, siendo un actor clave en la reducción de emisiones, impactando positivamente en la sociedad.
El metano es un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento global 28 veces mayor que el CO2. Y los residuos orgánicos que se descomponen en los rellenos sanitarios lo generan de manera constante.
La pregunta no es si ese metano existe: es qué hacemos con él. En Santa Marta llevamos más de una década respondiendo esa pregunta con hechos.
A través de una red de más de 600 pozos de extracción, capturamos el biogás generado por la degradación de los residuos de 3,2 millones de habitantes de la zona sur de la Región Metropolitana. Ese gas, en lugar de liberarse a la atmósfera, alimenta nuestra Central de Energía Renovable No Convencional, la cual tiene una capacidad instalada de 20 MW con diez motores generadores sincronizados, cuya energía inyectamos directamente al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). El resultado acumulado supera los 3,5 millones de toneladas de CO₂ equivalentes evitadas. Además, hemos homologado proyectos bajo el mecanismo de impuesto verde en Chile, contribuyendo a la compensación de otros sectores productivos.
SIGUIENTE PASO: ALMACENAR PARA MAXIMIZAR
Pero la operación y nuestra gestión no se detiene ahí. Próximamente pondremos en marcha un sistema BESS (Battery Energy Storage System), tecnología que permitirá el almacenamiento de energía en baterías, con una capacidad de 40 MWh. Este proyecto, que representa un salto cuantitativo en nuestra gestión, nos permitirá almacenar la energía generada cuando el sistema eléctrico no pueda recibirla de inmediato y reinyectarla cuando sea más necesaria. El impacto directo es significativo: aumentaremos hasta en un 30% nuestro aprovechamiento del biogás. Dicho de otro modo, menos metano sin capturar, más energía limpia disponible, mayor contribución a la descarbonización del sistema energético nacional.
Lo que esto revela es algo que el debate público e instrumentos de gestión pública aún no reconocen del todo: los rellenos sanitarios no son el problema opuesto a la sostenibilidad. Cuando operan con estándares exigentes y visión de largo plazo, son parte de la solución.
Chile tiene pocas instalaciones con la infraestructura, las obligaciones ambientales y la trayectoria operacional para cumplir ese rol. Detrás de cada una hay años de inversión, equipos especializados, adaptación normativa permanente y trabajo continuo con las comunidades. Eso tiene un valor estratégico que la planificación y gestión pública aún no incorporan del todo.
La transición hacia modelos más sostenibles de gestión de residuos no ocurrirá por decreto ni por el solo avance de las políticas de reciclaje. Requiere cooperación, intercambio de experiencias y el reconocimiento explícito de que instalaciones como Santa Marta son parte activa de la solución que se necesita construir. Mientras ese reconocimiento no llega, seguimos haciendo lo que sabemos hacer: garantizar certeza sanitaria, operar todos los días, sin excepciones, como lo hemos durante todos estos años.
Giselle Carrasco Pineda,
Subgerenta de Medio Ambiente y Sustentabilidad de Consorcio Santa Marta




